La unidad no se da por decreto

Por Antonio Villegas

La identidad nacional y el oportunismo patriotero tienen dos fines y dos impulsores distintos. El primero tiene que ver con una construcción social y cultural que se ha venido tejiendo con los sucesos históricos desde antes de la invasión del imperio español, con la colonia española, con la accidentada síntesis de contrarios del indio y el español, el surgimiento del mestizaje, los negros traídos de África, mulatos y zambos, criollos…; la independencia de México; y el surgimiento de la nación mexicana; el idioma, las costumbres, la cultura, la vida social y su evolución. Después de haber logrado la independencia, las luchas por reivindicar los derechos, la igualdad, la felicidad y libertades sociales de nuestro pueblo ha sido una constante. México ha sufrido varias invasiones por parte de los países europeos, pero principalmente, por los Estados Unidos. El gran mosaico cultural que predomina en nuestro país (idiomas indígenas, rituales, cosmovisiones, valores morales, culinaria…) han sido un factor que ha enriquecido nuestra identidad como mexicanos; no obstante, nos ha desunido la desigualdad, el racismo, la explotación del hombre por el hombre, los malos políticos y pésimos gobernantes. La falta de una identidad nacional, generada por un grupo de mexicanos antipatriotas que estaban en el poder, facilitó la invasión norteamericana en 1847, en la cual perdimos más de la mitad de nuestro territorio, por tal motivo, al no encontrar los factores de legitimidad que trajera consigo unidad en torno al Estado, la defensa del pueblo mexicano no fue lo suficientemente exitosa. La derrota fue contundente, el enemigo llegó hasta el palacio de Chapultepec, narrativa que ya hemos escuchado en los libros de texto gratuito, en la que cayeron abatidos varios cadetes patriotas defendiendo el último reducto. Sin embargo, después de esa derrota ante los norteamericanos, surgió una identidad nacional y un sentimiento patriota como fueron Lerdo de Tejada, Benito Juárez, Melchor Ocampo entre muchos otros más. Posteriormente, ante la siguiente invasión, ahora comandada por los franceses siendo el imperio más importante del mundo en su momento, la resistencia del pueblo mexicano salió victorioso, gracias a la legitimidad de que gozaban Benito Juárez y su gabinete y, sobre todo, a que el sentimiento de soberanía nacional era un hecho real. Aquí inicia una nueva etapa que se le denominó la República Restaurada.

México es un país con muchas riquezas naturales: minería, petróleo, uranio, agua, pesca…, por lo que la amenaza de los Estados Unidos para apropiarse de los recursos de México ha sido permanente. Lo ha intentado de diversas maneras, una desde la conflagración bélica, y la otra, desde la penetración cultural y educativa. Algunos no recuerdan el discurso de Robert Lansing, secretario de estado del presidente Woodrow Wilson, casi un siglo después, en un discurso de Robert Lansing, que al término de la Revolución Mexicana, dijo:

México es un país extraordinario, fácil de dominar porque basta con controlar un sólo hombre: el presidente. Tenemos que abandonar la idea de poner en la presidencia a un ciudadano americano ya que esto llevaría otra vez a la guerra.

La solución necesita más tiempo: debemos abrir a los jóvenes mexicanos ambiciosos las puertas de nuestras universidades y hacer el esfuerzo de educarlos en el modo de vida americano, en nuestros valores y el respeto al liderazgo de Estados Unidos.

Con el tiempo esos jóvenes llegarán a ocupar cargos importantes, finalmente se adueñarán de la presidencia; entonces, sin necesidad de que Estados Unidos gaste un centavo o dispare un tiro, harán lo que queramos.

Y lo harán mejor y más radicalmente que nosotros.”

Estas nuevas generaciones de jóvenes neoliberales se han apropiado de las instituciones y han desmantelado el sentimiento y los valores patrios de los mexicanos, la constitución política principalmente los artículos que ponían candados a que los recursos naturales fueran de los extranjeros: la industria petrolera, la eléctrica, las playas, la minería… ¿Se podrá convocar a una unidad con estos jóvenes neoliberales para hacer una defensa férrea por la soberanía como la hicieron la generación de patriotas de Benito Juárez?

La unidad se da cuando la confianza prevalece, no por decreto, ni sólo por motivaciones de amenazas externas. Cuando se habla de unidad en torno al presidente Enrique Peña Nieto, ¿de qué unidad estamos hablando? El inquino de los Pinos ha generado un extremado rechazo ciudadano. ¿Será posible hacer unidad con quien compró votos con las tarjetas monex y soriana para ser presidente? ¿Unidad con quien usó las fuerzas del Estado para violentar los derechos humanos en Atenco? ¿Unidad con quien ha confrontado a los mexicanos contra sus maestros? ¿Unidad en torno a quien ha modificado la constitución de la manera más abyecta para que quedara a modo de las trasnacionales? ¿Con quién ha generado más violencia y ha sido artífice de la corrupción más escandalosa de todos los tiempos? ¿En torno a quien invitó al palacio nacional a Donald Trump, enemigo abierto de los mexicanos?

México necesita una verdadera transformación moral. Retomar lo mejor de nuestra historia. La historia y la reflexión colectiva nos ayudará a reconstruir los lazos de confianza. Volver a creer en nosotros como país. La unidad, sí, la unidad, pero con el pueblo, en torno a los hombres que sean verdaderamente patriotas.

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